Este es el llamado “Árbol de la muerte”

Hippomane Mancinella, el temible "árbol de la muerte"

A lo largo de las costas del Caribe, América Central, los bordes septentrionales de Sudamérica, e incluso en el sur de Florida (EEUU), se puede encontrar un tipo de árbol muy bonito, usualmente lleno de pequeños frutos de color amarillo verdoso no muy diferentes a las manzanas.

Es posible que te tiente comer uno de sus frutos (¡no lo hagas!), también luego de caminar un buen rato es posible que desees apoyar la mano en el tronco para descansar o tocar una rama (¡tampoco lo hagas!). Bajo ningún motivo te pares debajo o incluso cerca del árbol por cualquier período de tiempo que sea. No toque tus ojos mientras esté cerca del árbol. No recojas ninguna de sus llamativas hojas brillantes, de color verde tropical. Lo único que  puedes hacer es alejarte lenta pero firmemente de este árbol, ya que estarás frente a Hippomane mancinella, conocido como “Manzanillo de la muerte” o, simplemente, “el árbol de la muerte”.

 

Hippomane mancinella
Aspecto general de Hippomane mancinella, el manzanillo de la muerte.

Características generales del "Árbol de la muerte"

El Manzanillo es miembro de una familia de plantas conocida como Euphorbiaceae. Se pueden encontrar en todo el mundo, en diversas formas, y que van desde pequeñas plantas similares a hierbas hasta grandes arbustos y árboles. Sin embargo,  el “árbol de la muerte” es uno de los más grandes, pudiendo alcanzar hasta 15 metros de altura. 

El tronco y las numerosas ramas están cubiertos de una corteza gruesa y quebrada, de color gris, mientras que la copa es amplia y globosa.

Por otro lado, sus hojas son simples, alternas y de una forma elíptica. Son árboles que tienden a mantener las hojas durante todo el año (árbol perennifolio), aunque pierde parte de su copa durante la temporada más seca (diciembre y enero). En cuanto a las flores, éstas aparecen constantemente a lo largo del año, aunque su mayor número se presenta en marzo. 

 

Hippomane mancinella
Hojas de Hippomane mancinella.

El fruto tiene una forma globosa, de unos 4 cm de diámetro, con un olor muy fuerte y cubierto de una piel brillante. En su interior se alojan numerosas semillas de forma redondeada y de un color pardo. Como característica particular, todas las partes de la planta (corteza, hojas, flores y frutos), liberan un látex blanquecino y extremadamente irritante cuando se rompen. En el caso de entrar en contacto con la piel, provoca irritaciones, quemaduras, ampollas e inflamación, pudiendo ocasionar ceguera si llega a los ojos o incluso la muerte si la persona lo ingiere.

Fruto de Hippomane mancinella
Fruto de Hippomane mancinella. Aspecto similar a una manzana verde.

¿Por qué el "árbol de la muerte es tan tóxico? Posibles razones evolutivas sobre su toxicidad

En primer lugar, la savia es bastante fácil de explicar. Su toxicidad está ligada a disuadir a los herbívoros que de otra manera querrían dañar el árbol al comer sus hojas o corteza. 

En cuanto al fruto, sí observamos una realidad un poco desconcertante. Es sabido que, por lo general, el fruto está diseñado para “engañar” a los animales para que éstos esparzan semillas, ya que los árboles no lo pueden hacer por ellos mismos. Por un lado, el árbol quiere que los animales coman la fruta; por el otro, el animal, idealmente, comerá la fruta y defecará las semillas en otra parte, dispersándolas y ayudando al árbol a crecer en otro lado. 

Pero…¿Qué pasa si el fruto es tóxico y mata a quien lo intenta “ayudar”?

Su mecanismo de dispersión es realmente interesante. La mayoría de estos árboles son costeros, por lo que las mareas y las corrientes son su principal mecanismo de dispersión. El ciclo comienza cuando la fruta cae del árbol al agua cercana, y gracias a su flotabilidad, es llevada por las mareas a otro lugar. Finalmente, la fruta se pudre y las semillas pueden crecer. Por más extraño que aparente, este no es un método poco común de dispersión de semillas, ya que también se usa en plantas comunes como el cocotero.

 

Testimonio de un sobreviviente

El radiólogo Nicola Strickland mordió uno de sus frutos por accidente, mientras estaba en la isla caribeña de Tobago. Su relato es el siguiente: 

“Precipitadamente tomé un bocado de esta fruta y me pareció agradablemente dulce. Mi amigo también participó (siguiendo mi sugerencia). Momentos después nos dimos cuenta de una sensación picante extraña en la boca, que progresó poco a poco hasta una sensación de ardor, lagrimeo y de opresión en la garganta. Los síntomas empeoraron durante un par de horas hasta que apenas podíamos tragar la comida sólida por el dolor insoportable y la sensación de un gran nudo que obstruía la faringe. Por desgracia, el dolor se agrava con la mayoría de las bebidas alcohólicas, aunque ligeramente fue apaciguado por piñas coladas, y más aún por leche sola.

Durante las siguientes ocho horas nuestros síntomas orales comenzaron lentamente a disminuir, pero nuestros ganglios linfáticos cervicales aumentaron de tamaño y eran fácilmente palpables. Al contar nuestra experiencia a la gente del lugar provocamos miradas de terror e incredulidad, por la reputación de lo venenosa que era la fruta.

La savia, blanca y lechosa, es espectacularmente tóxica; causa ampollas parecidas a quemaduras si hubiera entrado en contacto con la piel, y si tienes la mala suerte de que penetre en los ojos, la ceguera temporal es altamente probable. Esta savia se encuentra en todo el árbol, incluso en la corteza y las hojas. Por lo que, ya sabes, no los toques nunca.”

 

Cartel de Cuidado
Cartel de precaución.

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